jueves, enero 22

Catástrofes cotidianas (y van II)
Tengo una gotera. Pero no es sólo mía, también de la vecina de al lado, y especialmente del vecino de abajo, que recibe todas sus atenciones en forma de surtidor (vamos, que está inundándose). La gotera, además de extender sus tentáculos por medio edificio, como si fuese Spectra (organización criminal donde las haya), es sibilina y sutil, porque no fue descubierta hasta que su labor estaba bien avanzada y las paredes de mi vecino chorreaban. Oculta detrás de mi armario ropero, seguía adelante, hasta extender sus garras siniestras a través del alicatado de la cocina de mi vecina de al lado.

Resultado de todo esto: me esperan días funestos. Voy a tener que mover la mitad de los trastos de mi cuarto (que son muchos y muy densos), y tapar el resto como pueda, porque (aquí pueden echarse a temblar por simpatía) Vienen Los Albañiles!!
Tendré que abandonar mi amado rincón, mis montoneras de papeles sin orden, mis increíbles torres de libros que desafían la gravedad, mis pelusas mutantes, mis discos y... mi ordenador, que quedará tapado por su correspondiente sábana, haciendo de computadora fantasma por un tiempo.
No sé qué va a ser de mí, durmiendo en el sofá (espero que resista, porque está medio desencolado por un lado, y no quiero acabar en urgencias en mitad de la noche), sin libro, ni mesita, ni lamparita que me alumbre (snif, snif). Y sin Internet.
Igual me voy de viaje, porque quedarme aquí a sufrir va a ser un poco tonto.

Y un enlace para que se hagan un autorretrato a modo de personajes de South Park. Otro día, si puedo, pongo el mío.

No hay comentarios.: