jueves, mayo 13

Hay algo de aristocrático en poder organizar el propio tiempo. Como un verdadero privilegiado, eliges cuándo hacer cada cosa, según tu gusto. Es uno de los pocos placeres que tenemos los parásitos sociales. Podemos decidir bajar al supermercado cuando esté vacío, ir al cine a la sesión menos frecuentada, a la biblioteca pública cuando está de verdad silenciosa. Y caminar por la ciudad sin atropellos, sin recibir empujones al pararse, deteniéndonos de pronto, arrancando a correr si nos place. Leer los prospectos, los ingredientes, hojear los libros, preguntar a las dependientas, bailar por los pasillos.

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