1) nunca mantengas relación ni conversación ninguna frente a un grupo: acepta sólo tratar a cada uno por separado como individuo, incluso cuando mantengas una charla con varias personas a la vez. Los grupos tienen personalidad propia, corporativa y poco interesante: el comportamiento grupal no es atractivo. Igual vale para las parejas: la pareja es un ente, trata a cada individuo por sí mismo.
2) los grupos suelen formarse automáticamente en cuanto hay varias personas reunidas para cualquier fin (a veces, sin ningún fin concreto). Enseguida se asignan los papeles, así que, en cuanto percibas un intento de clasificación, manifiéstate tal como eres, para que todo quede claro desde el principio: no necesitarás más que éso para quedar fuera del grupo (o clasificado como el raro, extravagante, independiente o directamente marginal)
3) busca a tus iguales: en los márgenes se encuentra variedad y riqueza de personalidades, pero no hace falta que abraces como a un hermano al primero que te encuentres (puede ser peligroso); encuentra a quienes comparten intereses contigo y, sobre todo, a quienes sepan apreciarte.
4) no rechaces iniciar una conversación con un desconocido sólo porque es desconocido: hay que darse una oportunidad de conocer a la gente. No más de tres oportunidades por persona, por favor: la vida es breve para pasarla dándole charla a quien se muestra idiota en tres ocasiones distintas.
5) Niégate a las reuniones de compromiso, a plegarte a las convenciones de una vida social que no te interesa. Comparte tu tiempo con los amigos que aprecias, busca gente que te interese tratar, no por no quedarte solo, sino por el placer de la buena compañía. Recuerda que ser sociable por obligación es una servidumbre de la que se puede escapar.
martes, mayo 22
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