martes, junio 3

¡Peste y carestía!!

Voy al banco a pagar unas tasas y espero educadamente una cola (causada porque hay una sola señorita atendiendo, ya que han desaparecido las feas ventanillas, y ahora da igual que vayas a pagar una facturilla o a pedir un crédito millonario, que te chupas idéntica cola para que te atiendan, en una mesita monísima, éso sí...). Santa paciencia.
Al fin aparece un tipo con pinta jefecillo, dicharachero y tal, que debía estar tomándose un café, agobiado por el extenso horario de trabajo de los bancos, supongo. Me atiende, después de charlar con unos y otros, saludar y hacer unos chistes, cuando ya llevo esperando un buen rato, de pie, a que al fin me concedan audiencia. Cuando ya parece que acabamos y voy a poder irme de allí, el tipo me pregunta si el nombre de mi solicitud es María X, en vez de X a secas, todo ello con gran risa y diversión.
Y antes de que pueda contestarle, se pone a hablar por el móvil, ignorándome completamente (incluso cuando echaba sellos a tutiplén, no perdía comba en la conversación, el tío) y luego me despide con un gesto, sin cortar su charla telefónica... y sin darme ocasión de preguntarle, a mi vez, por ejemplo:
1: ¿crees que no sé cómo me llamo?
2: ¿crees que no sé escribir mi nombre?
3: ¿crees que no sé rellenar una solicitud?
4: ¿crees que tiene gracia hacerme esperar veinte minutos para luego preguntarme si soy estúpida?
5: ¿crees que soy insignificante porque soy mujer, porque soy joven o porque soy pobre?

Estas cosas sí que fomentan la violencia y no el ver la televisión. Ya sé que no es tan grave, que todo el mundo tiene que soportar alguna vez un comentario supuestamente gracioso, o un trato incorrecto en un comercio, pero no después de hacer cola en un banco, con lo que jode. Ah, y era el BBV, para ser exactos.
Creo que voy a incorporar esta sucursal bancaria a mi lista de establecimientos donde es lícito usar, por lo menos, la guerra psicológica; sólo detrás de las tiendas de ropa donde me han dicho, a voces, desde la misma puerta "de tu talla aquí no tenemos nada", que merecen algo peor; y justo antes de los bares de donde me han echado con la excusa de que "estaban cerrando" (de los bares de los que me echaron por otras razones, no digo nada).
Fin del ataque verbal. Qué bonito es desahogarse, sin golpear un saco colgado del techo ni ningún otro remedio de peliculita americana.

No hay comentarios.: