Esta tarde ha venido el Técnico a limpiar el calentador de gas. Por supuesto, una hora después de lo prometido. Pero, lo mejor ha sido que se ha largado a por una pieza, con promesa de volver al cabo de una hora, y ya no ha vuelto: el calentador está desmontado, le falta la pieza que se llevó el tipo, y no sabemos nada de él.
Toda la tarde en casa, esperando al tipo (no es que tuviera otra cosa que hacer, pero...).
Mañana seguramente tendré unos momentos de regresión a la infancia, calentando cazuelas de agua en la cocina, transportándolas hasta el baño, y bañándome con ayuda de un cazo.
Encima, me doy cuenta de que mi infancia parece ya de cuadro costumbrista. Debe ser que me hago vieja.
En vez de estar indignada, furiosa, sólo tengo desánimo. Mejor me voy a dormir. Unos cien años.
jueves, noviembre 20
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