miércoles, noviembre 12

Pues estaba yo tranquilamente sentada en mi sillita oficinesca, ante el ordenador, pensando que a ver si paso la escoba por los enlaces, cuando se me ha enredado la manga de una vieja chaqueta que andaba colgando por ahí en una rueda de la silla, y he volcado, como un camión viejo. Con tan buena fortuna, que he caido sobre la cama, he rebotao azarosamente, y he ido a quedar de rodillas delante de la propia puerta de mi cuarto.
Todo esto me ha parecido un signo claro de que mi propia habitación quiere echarme fuera (o intenta matarme). O quizás sea que hay tantos trastos que casi ni queda suelo a donde caerse.
Cuando el guión de mi vida lo escribe Buster Keaton, o Harold Lloyd, me dan ganas de poner una reclamación.

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