viernes, junio 18

es eterna su misericordia

Estaba yo tranquilamente leyendo, cuando han empezado a colarse por cada rendija de la casa unos coros religiosos, bastante desentonados, y luego unos sermones cansinos, todos ellos procedentes de una iglesia: se emiten por medio de altavoces colgados en la fachada, y supongo que reproducen la ceremonia que se esté celebrando en el interior. Si yo, que me encuentro a trescientos metros y seis pisos de distancia, estoy soportando semejante escándalo, me pregunto qué opinarán los habitantes de las casas frente a la iglesia. Si fuese un bar, ya habría venido la policía (y dudo mucho que las ordenanzas municipales permitan instalar altavoces y emitir música, así, porque sí). Esta claro que a la iglesia nunca se le aplican las leyes habituales, tienen bula para hacer lo que les plazca.
En estos momentos, la no existencia de dios se me manifiesta en toda su verdad, porque si semejante ser existiera, aprovecharía la tormenta que se está formando para dejar fritos los altavoces, el cableado y al desgraciado que los instaló.
Éso sí, menos mal que no han estado tocando las campanas una hora, como esta mañana, que me he tenido que ir de casa. Harta me tienen. Y yo que creía que después de la semana santa podría descansar.
Fin del desahogo.

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