Ya lo decía yo, que en agosto los programadores de las televisiones estaban de vacaciones. Por mí podrían haberse quedado donde estaban. Porque se me acabó el ver la tele. Las series que me gustaban han quedado cortadas por donde cayese, y las que resisten, están exiliadas o condenadas a danzar en horarios variables.
Se acabaron las reposiciones, las series recién estrenadas, las emisiones por su orden. Llegaron los programas incomibles, la tabarra constante del cotilleo, el programar el vídeo para pescar alguna cosilla que pongan de madrugada (si es que te enteras, porque ya nunca cuentas con que den nada y ni lo miras).
Toca echar mano del depósito: menos mal que aún me quedan capítulos de la cuarta temporada de Doctor en Alaska por ver, y aún no había acabado con la segunda de Buffy. En fin, Dark Angel aún se encuentra por ahí, gracias a algún alma caritativa.
Lo único bueno es que vuelve C.S.I. Pero lo demás es todo miseria. Volveré a ver la tele sólo los lunes.
viernes, septiembre 10
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