Unas olitas rompiendo a dos metros de los pies. Se oyen las cigarras en los pinos, en las dunas a nuestra espalda y, a lo lejos, una señora charla como una cotorra, un niño chapotea y ríe. La vida, cuando es buena vida, suena así de estupenda.
1 comentario:
Anónimo
dijo...
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