martes, agosto 19

golden evening

Hay algo de agónico en el final de este mes, una difusa sensación de acabamiento, como si el verano fuese ya una fruta un poco pasada pero aún comestible. Ya estamos pensando si vale la pena agotar hasta los posos la temporada (cada vez menos brillante el sol, cada vez más temprano el atardecer), o saltar alegremente a la esperanza del otoño que se anuncia en cada poniente anaranjado, en cada nube, en cada soplo de brisa nocturna. La promesa de una nueva estación es como brillo hipnótico de cristales de colores: un cambio de viento y quedamos en suspenso, insuflados de ese nuevo aire, como aves que presienten ya la migración, la hora de los cambios que se acerca.
Y un nuevo día de calor nos hace recordar que aún es verano y la promesa se queda en puro espejismo...

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