Las cosas más extrañas, Andrés Trapiello
En Venecia se publicó un libro en 1525 que se titulaba “El modo de consolar las penas con los diversos tipos de letras”. Ah, los italianos, qué presencia de ánimo, qué irreductible fe en el espíritu del hombre.
SIEMPRE se le exige más a un escritor humorista que a uno solemne, porque se piensa que el que se ríe de algo o con algo ha de pagar una sobretasa. Piensan incluso que el humorista no conoce el fondo del espanto del hombre. Nadie piensa que el humor se produce por un exceso de conciencia; al contrario, todos creen que es un defecto de esa misma conciencia. Quizás es una venganza de los solemnes, que saben que pasados cien años por cada escritor solemne que se sigue leyendo, se leen diez que de una u otra forma han tenido sentido del humor. Y cuando el humor, como en Cervantes, es melancólico, no hay nada que pueda igualarlo, pues en la vida completa, el drama es la cuarta dimensión.
martes, marzo 25
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