Llegó la primavera, y vaya mierda. Estoy en mi temporada alérgica, que no es grave, sólo molesta: ninguno de mis achaques es siquiera digno, sólo me afean o me incomodan (no está mal como lección para aprender paciencia: pero preferiría recibir las lecciones de otra manera, y tener una salud de acero inoxidable, ni hierro)
Es difícil encontrarle gusto a nada cuando una está soltando mocos, medio ciega y deslumbrada por cualquier asomo de sol: qué mal se sufren los pequeños contratiempos.
De todos modos, no me gusta la primavera. Nada de nada.
martes, marzo 11
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