miércoles, abril 2

Sí, lo confieso, formo parte de la dudosa secta de los bibliófilos. Y son ciertos los rumores sobre los signos secretos que usamos para reconocernos, sobre nuestras reuniones clandestinas en las vacías bibliotecas, sobre el uso ilegal de esas contaminantes abominaciones que se llaman libros... Todo éso es cierto, pero no revelaré más.
Sólo diré que somos muchos, constantes y discretos, mimetizados en una vida de apariencia normal, ocultando a los ojos que no saben ver nuestro secreto pecado... la lectura.

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