miércoles, julio 7

Festivas impresiones

Las bodas son tópicas. Las novias lloran, los curas dicen tonterías o están un poco borrachos, los fotógrafos hacen su labor mecánicamente, los parientes del pueblo son pesados, los amigos del novio gamberros, los camareros siempre manchan a alguien, la comida está seca, el baile incita a emborracharse y perder el sentido cuanto antes (o huir aullando). Y te diviertes bastante, o lo intentas.

Lo malo es que luego piensas que se acaba de casar la persona más libre y joven que conoces. Y te acomete el desánimo. Porque por mucho que te digas que es sólo una ceremonia, sabes que no es verdad. Y toda la gente que te rodea está firmando hipotecas, y trabajando duro, y llenándose de preocupaciones y planes de futuro. Como si fuesen de verdad adultos serios y responsables.
Mientras, tú sigues sin carné, sin letras, sin coche ni casa, ni destino ni futuro. Lo normal, si crees que lo que viene después de madurar es pudrirse.

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