domingo, julio 18

meteorología bis

Domingo, cinco y media de la tarde. Decir que camino por las calles desiertas sería tópico, si no fuesena gran verdad. Porque se me ocurren pocos paisajes más desoladores que una ciudad castellana en la hora de la siesta. Ni una señal de vida. En la parada del autobús, unos pocos desesperados, quién sabe qué razones los habrán sacado de sus casas, a estas horas, en este día (quizás no tengan casa o quizás sean hologramas puestos allí por la empresa municipal de transportes, aunque podrían haberse esmerado más en suprimir su olor corporal...)
Parece que se ha extinguido toda vida humana y que sólo quedan los edificios y las chicharras.

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