Salgo a la terraza a ver la tormenta, los relámpagos a lo lejos. La meteorología es un espectáculo si vives en el séptimo piso del único edificio alto de los alrededores. A veces asusta, el viento hace que las persianas tableteen, los cristales tiemblan con cada trueno. Pero es magnífico ver bailar la colada en las cuerdas de la terracita, e incluso cuando me abofetea levemente mi camisa roja puesta a secar. Es como asomarse a un acantilado. Te hace sentir imponente, y al mismo tiempo insignificante.
viernes, julio 16
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