miércoles, mayo 28

Una experiencia puramente intelectual puede ser sobrecogedora, puede ponerte físicamente enfermo. Y no hablo de sentimientos, ni de sensaciones, hablo del puro razonamiento.

Recibes una pequeña información, una idea aparentemente inocua, pero que resulta ser el ingrediente que falta: al instante, todo cobra sentido, un montón de datos fragmentarios se colocan en su lugar y ofrecen una visión distinta. Parece como si el dato que faltaba fuese la pieza clave del puzzle, todo encaja. Sientes el clic de cada pieza al colocarse en su lugar, el engranaje perfecto, la reacción química, la precipitación, tras verterse el reactivo.

¿Quién no ha descubierto, por una sola palabra, un secreto?: no fue esa sola palabra, sino esa palabra cayendo en un bien surtido almacén de pequeños gestos anteriores. ¿Quién no se quedó sobrecogido al leer un párrafo, quién no mudó su idea del mundo tras leer un cuento, quién no se puso enfermo, obsesionado, loco, tras leer un libro que nos transforma en otro ser?. Nada es igual después, cuando ya la semilla ha agarrado en ese denso sustrato.

Y luego dicen que las experiencias intelectuales no son tan fuertes. Cuidado. De ciertas lecturas, de ciertas ideas uno nunca se recupera. La vida es riesgo y aventura.

No hay comentarios.: